Entre barcos y lluvia, el Rayo cae en el descuento (1–2)

Jugadores del Rayo Cantabria tras el pitido final. David Guardo

El viento soplaba con fuerza en Astillero, trayendo consigo el olor a mar y a hierro de los astilleros cercanos. Desde la grada se distinguía la silueta de un barco anclado, quieto, como un espectador más de la tarde gris que envolvía el encuentro. Allí, se jugaba mucho más que tres puntos: se jugaba conseguir la segunda victoria de la temporada y la fe de un Rayo Cantabria que rozó la victoria, pero acabó cayendo en el último suspiro ante el Fabril.

A pesar del mal tiempo, el ambiente fue cálido. Las gradas del campo, cubiertas se llenaron de voces mezcladas; no había distancia entre las aficiones: racinguistas y deportivistas compartían asiento, conversación y alguna broma. La música sonaba desde los altavoces y a veces se confundía con el ritmo de algún tambor y sus cánticos. En el aire se mezclaban los aromas del café caliente que salía del bar y el perfume cítrico de una mandarina que un aficionado pelaba con rapidez.

Un «no parar»

El partido comenzó sin tregua. Apenas había pasado un minuto cuando el Rayo golpeó primero. Izan, con determinación y precisión, envió el balón al fondo de la red, desatando la euforia local. El grito del 1–0 se confundió con el rugido del viento.El Rayo había salido con ambición y sin dejarse intimidar por el rival a pesar de las estadísticas en contra.

Pero la respuesta del Fabril fue inmediata. En el minuto 9, Nsongo Bill aprovechó un balón suelto en el área para igualar el marcador. El golpe no desanimó a los locales, que siguieron plantando cara. Loza pedía calma desde la banda, consciente de que el partido sería largo y exigente. El duelo se convirtió entonces en una lucha de estilos: el toque más elaborado del filial coruñés frente a la intensidad y el sacrificio del conjunto cántabro. El campo, mojado por la lluvia y creando charcos de barro, complicaba cada control. Pero el Rayo no se rindió en su casa y vimos caídas en el barro y carreras interminables para que el esférico no saliese de los límites.

En el descanso, la gente entró en un ambiente menos tenso, el bar se llenó de aficionados que necesitaban un descanso de tanta tensión. Algunos volvían a las gradas con bolsas de pipas o bocadillos, otros con refrescos o café. A medida que la segunda parte arrancaba, el campo se llenó del olor que tienen los típicos partidos que se juegan en domingo a las horas de comer algo. Y entonces, cuando el reloj marcaba el minuto 71, llegó el estallido.

Diego Fuentes cazó un balón en el área y lo envió con fuerza al fondo de la portería. 2–1. Los jugadores se abrazaban, los aficionados saltaban sin pensar en los charcos. El mal tiempo no importaba.

El Rayo acariciaba la victoria. Resistía. Pero el Fabril, curtido en remontadas, no dejó de insistir. En el minuto 80, otra vez Nsongo Bill apareció para igualar el encuentro. El silencio se mezcló con los ánimos que bajaban desde la grada, porque nadie se rendía aún.

Quedaban pocos minutos, y los dos equipos parecían empujar más que nunca a pesar del cansancio.

La rara costumbre segoviana de remontar

El tiempo añadido fue una eternidad. 5 minutos. El empate parecía inevitable. Pero el fútbol acostumbra a reservar siempre un último giro. En el minuto 97, Nsongo Bill, otra vez él, cazó un balón dentro del área y firmó el 2–3. El silencio que surgió fue símbolo de que todos los aficionados cántabros estaban saboreando la derrota. Los jugadores del Rayo se quedaron unos segundos quietos. Habían luchado con todo, y no había podido ser. La mayoría de ese once que quedaba en el campo estaban tirados en el suelo y tapándose la cara para que no se vieran las lágrimas de rabia y disconformidad.

Pero el público racinguista, conocido en la liga española de futbol por ser una de las mejores aficiones, respondió con aplausos. Porque entendió lo que había visto: un equipo que creyó y que resistió hasta el final. Y aunque el marcador no acompañó, en días así también se construyen los cimientos de una temporada. A veces, perder es solo otra forma de crecer.

Ficha técnica

Rayo Cantabria 2 – Deportivo Fabril 3

Campo: Eusebio Arce (Astillero).

Fecha: Cuarta jornada del Grupo I de Segunda Federación.

Goles:

1–0, Izan (1’); 1–1, Nsongo Bill (9’); 2–1, Diego Fuentes (71’); 2–2, Nsongo Bill (80’); 2–3, Nsongo Bill (97’).

Rayo Cantabria: Laro; A. Argos, Axel, Cagi (Díaz de Alda, 46’), Samu C. (Diego Rosado, 84’), Manu G., Vallecillo, Diego Fuentes (Manu Márquez, 77’), Izan, Rodri Ramos (Baldrich, 56’) y S. Franco (Diego Díaz, 56’).

Deportivo Fabril: Ríos; D. Canedo, Noe (Garrido, 84’), Najera (Domin, 84’), Nsongo Bill, Enrique, Fabi (Pablo Cortés, 78’), Mane (Quique Teijo, 67’), I. Vidal, Samu y Pablo (Dipanda, 67’).

Árbitro: Álvaro Sahelices (Asturias). Amonestó por el Rayo a Axel, Cagi, Díaz de Alda y Vallecillo; y por el Fabril a Noé.

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