Etiqueta: Rayo Cantabria

  • Un gol en el descuento apaga la ilusión del Rayo Cantabria.

    Un gol en el descuento apaga la ilusión del Rayo Cantabria.

    Un partido igualado y con gran ambiente se decidió en el minuto 91 con un gol de la Gimnástica Segoviana que silenció a la afición local

    El reloj marcaba las tres y no había ningún hueco para aparcar, demostrando de esta manera lo lleno que está el campo antes de empezar el partido. A menos de 100 metros de la entrada, estaba una chica en una mesa vendiendo boletos con los cuales podías ganar un sorteo de una cesta. Además, también tenía merchandaising del equipo que se podía comprar antes durante y después del partido.

    Minutos antes de comenzar todo el mundo parecía nervioso y los jugadores estaban calentando para prepararse ante el partido que les. Esperaba por delante. Había mucha animación del Rayo Cantabria, pero los de Gimnástica Segoviana se diferenciaban del resto.

    Estaban en la parte izquierda de las gradas, con trompetas y un tambor, animando antes de que el partido empezase. Los propios ciudadanos de Astillero acudieron también a ver el partido.

    Minutos más tarde los jugadores desaparecieron del campo y niños con los abrigos del Racing comenzaron a correr por el campo. Cinco minutos más tarde los jugadores y los árbitros se estaban dando la mano, acción que marcaba el inicio del partido. La foto grupal fue el acto que rememoraría el partido junto a la publicación de la misma en Instagram.

    Aunque el campo no estuviese en las mejores circunstancias, ya que por la mañana había llovido y estaba todo embarrado, los jugadores de ambos equipos estaban dispuestos a dar lo mejor de si mismos.

    Los jugadores se pusieron en sus posiciones para comenzar el partido y el silbato del árbitro inició el juego. La afición estaba muy animada, nadie quería perderse ni un segundo del partido. En el minuto 17 el balón entraba en la portería del segoviano gracias a Izan Yurrieta.

    Los jugadores del Rayo Cantabria estaban más que felices, al igual que la afición. Había algunas personas que estaban en la parte derecha de la grada que animaba al segoviano que respondió a este gol con caras de decepción y llevándose las manos a la cabeza.

    Mientras el transcurso del partido iba avanzando se veían los astilleros de fondo y el tren pasar. En el minuto 32, Alejandro Pérez miembro del equipo Gimnástica Segoviana metió un gol haciendo que la afición del Rayo Cantabria se comenzase a agobiar por el empate del partido. En el minuto 38 comenzó la tensión, ya que al número 2 del Rayo Cantabria le sacaron tarjeta amarilla. Ambos equipos estaban jugando de una forma muy similar, pero llegó el minuto 45 y con él, el descanso.

    La gente comenzó a levantarse para poder ir al baño o al bar. El bar tenía muchas opciones a muy buen precio, como bocadillos por 3,5, patatas o pipas por 1,5 y una gran variedad de bebidas de todo tipo, es por ello por lo que estaba tan lleno.

    Comenzó la segunda mitad del partido Y aunque el rayo Cantabria lanzó varios tiros a puerta, no consiguió meter ninguno, lo que hizo que muchos suspiros se escuchasen constantemente. A lo largo del partido se reportaron un total de cuarto tarjetas amarillas: dos para el Rayo Cantabria (Axel Ariel y Adrián Argos) y dos para la Gimnástica Segoviana (Marc Tenas y Diego Campo). Parecía que el partido iba a finalizar con un empate, hasta que comenzó el tiempo añadido.

    En el minuto 91, la Gimnástica Segoviana logró marcar un gol a manos de Iván Gómez, que desató la alegría entre los visitantes y que formó un completo silencio por parte de los locales. Rayo Cantabria intentaba apretar los últimos minutos con jugadas para poder meter un gol y que el partido terminase con un empate, pero esto no pudo ser posible. Los familiares del equipo cántabro estaban tristes por la derrota del partido, comparado con la alegría y euforia de la afición de la Gimnástica Segoviana.

    Cuando finalizó el partido, ambas aficiones, se levantaron charlando sobre él, y aunque algunas se quedaron en las gradas, hablando mientras terminaban sus bebidas, muchas otras celebrando la victoria salieron del estadio hablando sobre el partido.

  • Un Rayo de sol sobre el barro

    Un Rayo de sol sobre el barro

    La victoria de la Gimnástica Segoviana deja un sabor a “casi” algo para el Rayo Cantabria.

    Celebración del 1-0 del Rayo Cantabria. Rocío Argüeso

    El domingo amaneció con ese gris tan cántabro que no promete nada y, de pronto, te sorprende. En Astillero, el olor a césped húmedo se mezclaba con el crujir de las botas de tacos y el ruido de las ruedas al maniobrar para poder encontrar un aparcamiento. Para sorpresa de aquellos que aseguran que el fútbol regional no mueve masas no había ni sillas vacías ni plazas que no tuvieran dueño. En las gradas, un mosaico de bufandas, chaquetas y camisetas mezclaba los colores del Rayo Cantabria y la Gimnástica Segoviana en una estampa tan diversa como unida. Al fondo, el astillero servía de telón, como un recordatorio silencioso de que, igual que los barcos que allí descansaban, ambos equipos estaban a punto de zarpar hacia su propio desafío. Una metáfora casi perfecta, aunque el mar, o mejor dicho el terreno, estuviera tan embarrado que más bien recordaba a un naufragio. Pero justo cuando el árbitro alzó el silbato y el balón echó a rodar, un rayo de sol rompió las nubes como si el cielo quisiera concederles, al menos, una tregua luminosa para empezar. 

    El marcador, diminuto y perezoso, no hacía justicia a la batalla que allí se planteaba y parecía incapaz de seguir el ritmo del partido. Había que fijarse mucho para distinguir los números, como si el destino quisiera mantener la emoción hasta el último instante. Los locales apostaron todo a la velocidad y las ganas y se llevaron el premio; el gol en el minuto 17. Los murmullos se convirtieron en gritos y los móviles fueron la herramienta perfecta para captar la satisfacción de un Rayo orgulloso. Thomas Edison afirmaba que la constancia es la clave del éxito, y la Gimnástica Segoviana pareció rendirle homenaje en el césped. Aguantó, resistió cada embestida del Rayo con paciencia y perseverancia y, justo antes del descanso, encendió su propia bombilla: el gol del empate. De pronto, tras el silbido que daba paso a los 15 minutos de recuperación, todas las mentes se sincronizaron como si la telepatía existiera realmente. Un pensamiento colectivo recorrió las gradas y se resumió en un solo concepto; el bar

    Parada técnica

    Y ahí, entre vasos de plástico y olor a tortilla de patata recién salida del microondas, se jugó otro partido. Los precios de categoría y la oferta amplia hacían que aquel bar pareciera un oasis en mitad del temporal lluvioso. En un mar de bebidas burbujeantes y comida con un claro protagonista, las calorías, se divisó un punto naranja, que alguno seguramente confundió con un Risketo, pero que más bien era la reencarnación de la salud; una mandarina. Un héroe anónimo que, sin saberlo, se ganó el aplauso silencioso de quienes lo vieron resistir a la tentación del bocata.

    En la segunda parte, el viento cambió de dirección y redirigió el rumbo del partido. El Rayo aprovechó el chute de energía del descanso y utilizó cada balón para convertir el ataque en su bandera.  La Gimnástica seguía fiel a su estrategia defensiva y esperaba con paciencia cualquier pase en vano para recordarle a sus rivales que aun tenían piernas para aguantar y remontar el partido. 

    Desde la grada, los comentarios se mezclaban con exclamaciones que ponían en duda el árbol genealógico del árbitro. Algunos padres gesticulaban con tanta pasión que daba la impresión de que en cualquier momento bajarían a protagonizar el pase definitivo. A veces nos olvidamos que los verdaderos protagonistas están fuera del terreno de juego opinando del reglamento y de la injusta amarilla que sacaron al número 2 del Rayo. Porque el fútbol regional es así; el amor por los hijos o por los nietos es así; y donde tú has visto una mano, el de mi derecha ha visto un claro rodillazo y el de mi izquierda una roja directa.  

    El toque del silencio

    Y en un pestañeo, entre barro, gritos y esperanza, llegó el descuento. Cuando crees que 90 minutos son suficientes para demostrar todo, llega el 91 acompañado por un gol de los visitantes. Un centro medido, un remate certero y el silencio repentino del público local. Tardaron dos minutos en cambiar el marcador, como si alguien en el control dudara de si merecía la pena hacerlo o sería demasiado retintín para el Rayo. Cuando por fin se confirmó, las caras sí que fueron el reflejo del alma; cansancio pero sobre todo un sentimiento agridulce de haberlo dado todo y quedarse con el “casi”.    

    El pitido final dejó un silencio denso, roto solo por el eco del tambor visitante, cada golpe resonando como si anunciara el final de una batalla. Algunos jugadores se abrazaban, otros se tapaban la cara con la camiseta, y en la grada las familias trataban de consolar a los suyos. Aunque, para ser sinceros, no estaba claro quién consolaba a quién porque los padres vivían el partido con tanta intensidad que parecían haber corrido ellos los noventa minutos. En el aire quedaba ese aroma a derrota digna, a esfuerzo sin premio, pero también a esperanza. Y mientras el sol caía sobre el astillero, el campo volvió a su calma característica. Solo el barro, testigo mudo de la lucha, guardó las huellas de quienes, por noventa minutos, creyeron que podían cambiar la historia.

  • Entre barcos y lluvia, el Rayo cae en el descuento (1–2)

    Entre barcos y lluvia, el Rayo cae en el descuento (1–2)

    Jugadores del Rayo Cantabria tras el pitido final. David Guardo

    El viento soplaba con fuerza en Astillero, trayendo consigo el olor a mar y a hierro de los astilleros cercanos. Desde la grada se distinguía la silueta de un barco anclado, quieto, como un espectador más de la tarde gris que envolvía el encuentro. Allí, se jugaba mucho más que tres puntos: se jugaba conseguir la segunda victoria de la temporada y la fe de un Rayo Cantabria que rozó la victoria, pero acabó cayendo en el último suspiro ante el Fabril.

    A pesar del mal tiempo, el ambiente fue cálido. Las gradas del campo, cubiertas se llenaron de voces mezcladas; no había distancia entre las aficiones: racinguistas y deportivistas compartían asiento, conversación y alguna broma. La música sonaba desde los altavoces y a veces se confundía con el ritmo de algún tambor y sus cánticos. En el aire se mezclaban los aromas del café caliente que salía del bar y el perfume cítrico de una mandarina que un aficionado pelaba con rapidez.

    Un «no parar»

    El partido comenzó sin tregua. Apenas había pasado un minuto cuando el Rayo golpeó primero. Izan, con determinación y precisión, envió el balón al fondo de la red, desatando la euforia local. El grito del 1–0 se confundió con el rugido del viento.El Rayo había salido con ambición y sin dejarse intimidar por el rival a pesar de las estadísticas en contra.

    Pero la respuesta del Fabril fue inmediata. En el minuto 9, Nsongo Bill aprovechó un balón suelto en el área para igualar el marcador. El golpe no desanimó a los locales, que siguieron plantando cara. Loza pedía calma desde la banda, consciente de que el partido sería largo y exigente. El duelo se convirtió entonces en una lucha de estilos: el toque más elaborado del filial coruñés frente a la intensidad y el sacrificio del conjunto cántabro. El campo, mojado por la lluvia y creando charcos de barro, complicaba cada control. Pero el Rayo no se rindió en su casa y vimos caídas en el barro y carreras interminables para que el esférico no saliese de los límites.

    En el descanso, la gente entró en un ambiente menos tenso, el bar se llenó de aficionados que necesitaban un descanso de tanta tensión. Algunos volvían a las gradas con bolsas de pipas o bocadillos, otros con refrescos o café. A medida que la segunda parte arrancaba, el campo se llenó del olor que tienen los típicos partidos que se juegan en domingo a las horas de comer algo. Y entonces, cuando el reloj marcaba el minuto 71, llegó el estallido.

    Diego Fuentes cazó un balón en el área y lo envió con fuerza al fondo de la portería. 2–1. Los jugadores se abrazaban, los aficionados saltaban sin pensar en los charcos. El mal tiempo no importaba.

    El Rayo acariciaba la victoria. Resistía. Pero el Fabril, curtido en remontadas, no dejó de insistir. En el minuto 80, otra vez Nsongo Bill apareció para igualar el encuentro. El silencio se mezcló con los ánimos que bajaban desde la grada, porque nadie se rendía aún.

    Quedaban pocos minutos, y los dos equipos parecían empujar más que nunca a pesar del cansancio.

    La rara costumbre segoviana de remontar

    El tiempo añadido fue una eternidad. 5 minutos. El empate parecía inevitable. Pero el fútbol acostumbra a reservar siempre un último giro. En el minuto 97, Nsongo Bill, otra vez él, cazó un balón dentro del área y firmó el 2–3. El silencio que surgió fue símbolo de que todos los aficionados cántabros estaban saboreando la derrota. Los jugadores del Rayo se quedaron unos segundos quietos. Habían luchado con todo, y no había podido ser. La mayoría de ese once que quedaba en el campo estaban tirados en el suelo y tapándose la cara para que no se vieran las lágrimas de rabia y disconformidad.

    Pero el público racinguista, conocido en la liga española de futbol por ser una de las mejores aficiones, respondió con aplausos. Porque entendió lo que había visto: un equipo que creyó y que resistió hasta el final. Y aunque el marcador no acompañó, en días así también se construyen los cimientos de una temporada. A veces, perder es solo otra forma de crecer.

    Ficha técnica

    Rayo Cantabria 2 – Deportivo Fabril 3

    Campo: Eusebio Arce (Astillero).

    Fecha: Cuarta jornada del Grupo I de Segunda Federación.

    Goles:

    1–0, Izan (1’); 1–1, Nsongo Bill (9’); 2–1, Diego Fuentes (71’); 2–2, Nsongo Bill (80’); 2–3, Nsongo Bill (97’).

    Rayo Cantabria: Laro; A. Argos, Axel, Cagi (Díaz de Alda, 46’), Samu C. (Diego Rosado, 84’), Manu G., Vallecillo, Diego Fuentes (Manu Márquez, 77’), Izan, Rodri Ramos (Baldrich, 56’) y S. Franco (Diego Díaz, 56’).

    Deportivo Fabril: Ríos; D. Canedo, Noe (Garrido, 84’), Najera (Domin, 84’), Nsongo Bill, Enrique, Fabi (Pablo Cortés, 78’), Mane (Quique Teijo, 67’), I. Vidal, Samu y Pablo (Dipanda, 67’).

    Árbitro: Álvaro Sahelices (Asturias). Amonestó por el Rayo a Axel, Cagi, Díaz de Alda y Vallecillo; y por el Fabril a Noé.

  • Derrota agónica del Rayo Cantabria ante la Gimnástica Segoviana (1-2)

    Derrota agónica del Rayo Cantabria ante la Gimnástica Segoviana (1-2)

    El Rayo Cantabria sufrió una cruel derrota la semana pasada, el sábado 8 de noviembre, al caer 1-2 contra la Gimnástica Segoviana en los Campos de Sport de Astillero. A pesar de un buen comienzo que les permitió adelantarse en el marcador, un gol en el tiempo de descuento condenó al filial cántabro, dejando escapar unos valiosos puntos.

    La Segoviana logró la victoria gracias a un gol de Ivo en los últimos instantes, completando la remontada tras haber igualado el partido en la primera parte. El equipo de Ezequiel Loza realizó una buena primera mitad, generando varias ocasiones para ampliar la ventaja, pero la falta de acierto y un error defensivo en el momento más inoportuno les privaron de la victoria.

    Esta dura derrota es especialmente dolorosa para el Rayo Cantabria, ya que el partido parecía encarrilado hasta los fatídicos minutos finales. El equipo verdiblanco tendrá que sobreponerse a este golpe y rearmarse de cara a los próximos compromisos, con la lección de que los partidos no terminan hasta que el árbitro pita el final.